🥞 Las tortitas de mi abuelo
Estaba tomando un café en un bar cualquiera.
En la pared, un cartel sin pretensiones:
“Churros con chocolate. Gofres. Tortitas.”
Me hizo gracia. Sonaba a desayuno de campeón.
Pero luego… algo se encendió.
Una imagen:
Yo, con mi abuelo, en el Corte Inglés. Merendando tortitas.
Y con ese recuerdo…
las conversaciones,
las veces que me reñía como él sabía hacerlo,
con ese cariño tan suyo,
sus anécdotas, escuchadas mil veces y que daría lo que fuera por volver a oír.
Los paseos por Viloria,
el apartamento de vacaciones,
las risas.
Un instante, y todos esos recuerdos se desataron como una tormenta por mi cabeza.
Un ritual sencillo, que, como tantos otros, desapareció cuando él se fue.
Me dieron ganas de volver.
De ir solo.
De pedirme unas tortitas, aunque no sepan igual.
Porque no van a saber igual.
Porque las tortitas no eran lo importante.
Lo importante era él.
Era ese rato.
Era estar juntos.
Y este recuerdo vino a recordarme algo que siempre olvido:
«Que lo que de verdad importa no es lo que hacemos,
sino con quién compartimos el instante.»
Porque una vez más, la vida me susurró eso que se nos escapa tan a menudo:
que no es el destino, es el viaje,
y sobre todo, con quién lo compartimos.
Y sí, un día volveré.
Solo.
No para revivir el pasado, sino para honrarlo.
Para recordarme que hay que disfrutar más del viaje y de la compañía.
Porque en algún momento, esa compañía… ya no estará.
¿Y tú?
¿Tienes ese sabor, ese sitio, esa persona que te vuelve con solo oler unas tortitas?
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O date un homenaje.
Haz lo que quieras.
Pero hazlo consciente.
Hazlo presente.
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